Somos cuerpos envueltos en sueños. Sueños abrigados, estampados, desteñidos, entallados.

Estos sueños necesitan desplegarse, decir quiénes somos, cómo vemos el mundo, cómo queremos existir.

Buscamos regresar a la naturaleza, comprendernos, comprender a quienes comparten nuestro camino. Que no quede tan lejos este cuerpo/casa de este espíritu/alma.

Que sea diáfano el camino, que nos proteja del frío y del calor, de la intemperie, de los rayos y de las tormentas.

Que los tejidos nos acaricien y entre costuras nos acompañen a vislumbrar el horizonte, el deseo de una vida verdadera, el anhelo de nuestro corazón.